Estamos volviendo a los tiempos de la España más profunda. Esa en la que mi tío inflaba a hostias a mi primo para curar su "mariconería". A día de hoy, mi primo sigue siendo homosexual y las secuelas psicológicas que le han dejado esas palizas son enormes. A día de hoy, mi primo sigue siendo un hombre valiente que ama a quien le da gana.