"Tenían distintas edades y oficios; habían nacido en diferentes sitios, pero, antes de ponerse ante el pelotón de fusilamiento, todos compartían la misma preocupación: qué sería de los que iban a sobrevivirles. En sus emocionantes cartas de despedida piden a padres e hijos, esposas y maridos que sepan que no hicieron nada de lo que no pudieran estar orgullosos; que no se dejen consumir por el odio y el rencor."