Después del asesinato del emperador romano Alejandro Severo en el año 235, un general tras otro intentó controlar el imperio, en consecuencia, las fronteras fueron descuidadas y afectadas por frecuentes invasiones de carpos, godos y alamanes. Estos ataques externos eran muy agresivos. Además, en el Oriente, Sapor I, emperador de la Persia sasánida, infligió una desastrosa derrota a los romanos en la Batalla de Edesa en el año 260, con la captura del emperador romano Valeriano y así Quieto y Macriano se rebelaron contra el hijo de Valeriano, Galieno y usurparon el poder en Siria.
Odenato, rey de Palmira, tomó parte por Galieno, el hijo y sucesor de Valeriano, y, en consecuencia, atacó y ejecutó al usurpador Quieto en Emesa, por lo que fue recompensado por su lealtad con una posición excepcional en 262. Ya había asumido el título de rey anteriormente, sin embargo ahora se le nombró totius Orientis imperator, no simplemente un regente, ni un Augusto, sino líder independiente de todo el Oriente.