El genio, una vez que hubo mirado a la muchacha, dijo:
_¡Oh señora, a quien rapté el mismo día de tus bodas!, el sueño me vence y quiero descansar_. Y así, reclinando la cabeza sobre su regazo, se quedó profundamente dormido. La muchacha empero a mirar a su alrededor hasta que vio en la copa del árbol a los dos reyes; entonces, depositando delicadamente en la yerba la cabeza del genio, se acercó al árbol haciendo señas a los dos monarcas para que bajaran sin miedo. Mas al ver que no tenían intención alguna de descender de allí arriba, dijo:
_Si no bajáis, despertaré al genio y éste, enfurecido, os matará.
La muchacha vio cómo los dos hermanos descendían del árbol temblando de miedo, y cuando los tuvo frente a frente dijo:
_Muy bien, ahora los dos me daréis una gallarda demostración de vuestra virilidad; de lo contrario avisaré al efrit.
Asustado y confuso Sahriyar dijo a su hermano:
_¡Anda, apresúrate, haz lo que ha dicho!
_Sería mejor que empezaras tú contestó Sahzamán.
Y ambos se invitaban mutuamente a empezar primero.
_¡Basta ya! _exclamó_, haced pronto lo que os he mandado o despertaré al genio...