" El buey muy pensativo contestó: "Gracias, mañana iré al campo a trabajar." Y luego, acercándose al pesebre, empezó a comer hasta acabar todo el forraje. A la mañana siguiente el mercader, que estaba al corriente de todo, fue al establo con su mujer y esperó a que llegara el campesino. Cuando éste entró en el establo, el buey, meneando mansamente la cola, se preparó para salir mientras el amo reía a grandes carcajadas. "¿De qué te ríes?", preguntó la mujer. "De algo que sólo yo he visto y he oído pero que no puedo contar porque de hacerlo moriría." "¡Vas a decirme de qué te ríes aunque tengas que morirte luego!",