madrugada del 18 ó 19 de agosto (ni siquiera la mancha de su asesinato se ha podido esclarecer todavía) de 1936. Mas los disparos que sonaron en tierra de nadie, en tierra baldía, dejaron a España huérfana y entumecida. Igual que a la luna, que aquella noche no se atrevió a salir y optó, en consecuencia, por mostrar su cara más sombría, como si con ello tratase ya no sólo de velar su rostro, sino de esconder la vergüenza por haber sido, sin quererlo, testigo vivo del crimen cometido. ¿Cuatro, cinco, seis…? ¿Cuántos disparos hicieron falta para derribar el cuerpo del mejor poeta
@mikelalasmuto Pues según el cadáver político Casado eso era la guerra del abuelo de no se quién.