puede que justo antes de suspirar, sonriera al escuchar un leve sonido parecido al tintineo de un cascabel y viera, a lo lejos, al ser con quien más se había enfrentado. Ya no era necesario luchar contra él, debió de pensar. Su duende lo rescataría y se lo llevaría al reino donde sólo hay música, danza y poesía; allí donde nunca más moriría.