LÍMITES
Respiro el aire blanco y espeso del desierto.
Un aire que no tinta, no mece, no sacude;
está falto de aroma, de fuerza, de salitre.
Llega lejano un eco
que ahora evoca la ausencia.
Hay una llama allí, como un espejo,
un mar de agua salada demasiado salina.
No hay sitio para un río de escamas plateadas,
de mar dulce y violeta
como es este que corre
por la tierra que habito.