Algunos de vosotros ya sabéis que practico esgrima, un deporte poco conocido en España a pesar de haber sido uno de los países donde vivió su máximo auge. Todos los que practican un deporte que no sea el fútbol o el baloncesto me entenderán cuando digo que nos gustaría recordar que hay vida más allá de ellos. La esgrima es uno dentro de esa larga lista, y es el motivo de la entrada de hoy. No es un deporte aristocrático, como a menudo se suele pensar de él, aunque su combinación de elegancia e impetuosidad lo hacen muy atrayente.
Los orígenes de la esgrima son muy antiguos; de hecho, según algunos registros arqueológicos se remontan a Egipto, y en Roma se estableció la primera escuela dirigida a los gladiadores. La Edad Media fue la época de los torneos y en el Renacimiento surgió la "rapiére", una espada española de hoja alargada. Sus orígenes oficiales datan de 1409 y concluyen en 1900 con la aparición de la esgrima clásica.
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