“A la gente le encanta que le simplifiques asuntos tremendamente complejos a partir de una sustancia química. Que digas que la oxitocina es la hormona del amor, por ejemplo. Eso tiene algo de verdad, porque es una hormona prosocial, pero también habría que decir que esa hormona nos puede llevar a recelar de los desconocidos y confiar demasiado en los nuestros, a creer que tienen la verdad, aunque no sea cierto”.