"La trama presuntamente vendía la autoría de estos cientos de estudios falsos a investigadores asiáticos, sobre todo indios y chinos, ávidos por publicar rápidamente para lograr una plaza o un ascenso. La red lograba entonces colar esos pseudoestudios en revistas especializadas de las principales editoriales científicas, como Elsevier, Springer Nature, Wiley y MDPI. Más que aprovechar las grietas del sistema, estaban paseando por una alfombra roja para los tramposos."