"En 2012, tras más de diez años estudiando la metástasis más agresiva, decidí cambiar el rumbo, orientar el laboratorio más hacia la metástasis latente, invisible. Llegué a la convicción de que esa es la fase de la metástasis que más vale la pena estudiar. No por ser más oscura, sino porque entenderla en sus detalles nos va a proporcionar nuevas avenidas, nuevas oportunidades para prevenir la metástasis. No para tratarla."