Los becarios han sido transportados como mandan los requisitos mínimos del Ministerio de Trabajo: hacinados en un compartimento oculto sobre la bodega del barco, sin comer ni un churrusco de pan durante toda la travesía y rogando a Dios que viniera a buscarlos la muerte.
Al llegar al puerto, la tripulación ha situado a los becarios, ilusionados y encadenados, sobre una tarima. Todos los chefs con estrella Michelin allí presentes han aplaudido de gozo al comprobar que se trataba de una fabulosa mercancía.
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