Garduñas de 8.35
Vive, supongamos, en la corte un escritor arrojado, de estos que ni temen ni deben; y se sabe que va a publicar verdades algo duras de pelar. Entonces entra la alta-policía me coge al autor, y me le arroja al Ponto, como César al otro poeta narigón: y allí que plaña, endeche o invective como más rabia te dé