Las nueve que moráis allá en Parnaso
espíritu me dad cual se requiere
para cantar el más donoso caso
que, en cuanto el sol sus rayos esparciere
del Capricornio al Cancro, semejante
no se verá jamás ni hombre lo espere.
A las damas requiero que delante
no estén las que lo son escrupulosas,
guárdense de mi voz, no las encante;
mas las que, ultra de ser bellas y hermosas,
tienen el rico esmalte de discretas,
podrán prestarme orejas amorosas;
tomen, si gustaren, de estas tretas
que a fe que seguirán un buen destino