Ella brilló en las tinieblas, y rompió el día, y de su luz ilumináronse las alboradas. En su resplandor se miran los soles, y las lunas en la claridad de sus ojos. Se desgarran los velos y los seres vienen a postrarse, embelesados, a sus pies. Cuando cruzan el firmamento los relámpagos de su mirada, se humedecen los rostros de lágrimas amantes.