Ante tal amenaza los dos monarcas poseyeron a la muchacha. Cuando hubieron terminado, la joven les dijo:
_Verdaderamente sois muy expertos.
Sacó luego del pecho un collar de quinientos setenta anillos y dijo:
_¿Sabéis qué es esto?
_Desde luego que no. A lo que ella repuso:
_Los propietarios de estos anillos han hecho el amor conmigo, poniéndole los cuernos al bobalicón del efrit. Ahora vosotros también me entregaréis los vuestros.
Y los dos hermanos sacándolos de los dedos así lo hicieron. Por fin dijo la adolescente:
_ Ese maldito genio me raptó en mi noche de bodas, encerrándome luego en una caja con siete candados y ocultándome en el fondo del mar embravecido; pero el pobre no sabe que cuando una mujer quiere una cosa nada puede detenerla, como bien dice el poeta:
No te fíes de las mujeres,
ni de sus juramentos .
Como se desvanece la alegría,
así se desvanecen las penas.
Sus favores y sus iras
dependen del capricho
de sus antojos.
Hacen alarde de un falso amor
y la traición se anida entre sus faldas.
Toma ejemplo de la historia de José,
y defiéndete de sus engaños.
¿No ves que el diablo hizo
expulsar a Adán por culpa de ellas?
Y otro poeta dice:
Acalla una calumnia
que no hace más que embravecer
al calumniado, y que exalta
la pasión de amor violento.
Si amo, nada hago
que no hicieran los hombres
en lo antiguo antes que yo.
Mucho asombro suscita
quien se ha salvado
de la seducción de las mujeres.