Octavio Paz
Para el amante, los ojos de su ser amado son los pozos en que refleja sus sentimientos, inquietudes, esperanzas y temores. El amante contempla, como hechizado, la mirada subyugante del otro. La mirada encontrada es vínculo, interpelación, pregunta y respuesta a la vez; es misterio y revelación. Es, pues, abismo insondable.