Al final le quité el teléfono a Misslevi, lo silencié y le dije. «Di que yo soy un ateo de mierda y que no te dejo. A mí me la pela ser el malo».
Se fue al dormitorio, aguantó el chaparrón y no le dijo nada de mí. Colgó y se quedo tumbada un rato en la cama, aguantando las lágrimas.
Putos integristas, joder. Me cago en la religión de la paz y el amor.