El calamar dejó el mar y se fue a visitar el cielo.
Allí descubrió un mundo nuevo, experiencias que nunca había soñado. El sabor de la libertad, el olor de las nubes y el placer de sentir el viento en la cara.
De vez en cuando recordaba lo que había dejado atrás y observaba su antiguo mundo desde las alturas, pero no le importaba ya nada, sólo se preguntaba cómo podía ser un calamar si él había nacido para volar.
Todo era nuevo, excitante, toda esa experiencia lo cambió para siempre, supo que podía ser feliz y cómo conseguirlo, ya nada volvería a ser como antes.
Pero la felicidad fue efímera, pasaron los días y el calamar tuvo que volver al mar. Ahora sólo puede observar el cielo desde la superficie del mar y recordar como se sentía, lejos, allá arriba.
Ahora solo podía recordar y esperar, porque sabía que algún día volvería a volar.

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