LA CERA DE LA INFANCIA
Miro la costra negra
cuajada en la rodilla.
Advierto con los dedos
su perímetro informe,
su forma, su grosor y su dureza.
Ahora es parte de mí la sangre seca.
Con los días caerá, muy lentamente, a trozos.
Siempre queda otra costra
debajo del estigma,
como el recuerdo hueco
de la ausencia primera.