DRÁCULA
No tengo la sed de otros siglos.
El milenio pasado enrojeció el recuerdo
tras una tupida pared de sangre sobre sangre
y las llamas de eterno fulgor apenas palidecían
bajo el ansia de venganza.
Tanto dolor hirviendo
tanto líquido caliente
derramado y sorbido
para llegar a una montaña viscosa
cuya cúspide
presido con mis alas vampíricas,
desde aquel maldito pacto
que me impide morir, pero no olvidarte.