Como cruce de zángano y oveja
-sin luces dada a luz, por el ahorro-,
te portas cual la hembra de aquel zorro,
que no alcanza las uvas y se queja.
¿Y llegas al corral y a los mastines
por despechos del gallo les suspiras?
Cuida que no te fallen tus mentiras
o puedan descubrirte tus orines.
A mí no me la das, ni al que ya sabe
que tu pudor en difamarme es nulo.
No del amor, de guerra era la llave
que guardas, ¡oh, reina del disimulo!
De guerra son los versos de esta nave.
¿Quieres peces? Pues yo te mojo el culo.