Otro contribuyente a la representación típica de San Nicolás en el siglo XIX fue un inmigrante alemán, Thomas Nast, prestigioso dibujante y periodista, que en 1863 publicó en el diario, Harper’s Weekly, su primer dibujo de Santa Claus en el momento de entrar por una chimenea. En sus dibujos de los años siguientes fue transformando sustancialmente la imagen de Santa Claus, que ganó en estatura, adquirió una barriga muy prominente, se le ensanchó la mandíbula, y se ciñó la cintura de un ancho cinturón, y se rodeó de ciertos atributos vegetales como el abeto, el muérdago y el acebo. También lo dibujó como viajero desde el Polo Norte, y, cuando las técnicas de reproducción industrial hicieron posible la incorporación de colores a los dibujos publicados en la prensa, Nast le coloreó su abrigo de rojo intenso. No se sabe si fue él el primero en hacerlo, o si fue el impresor de Boston, Louis Prang, quien ya en 1886 publicaba postales navideñas en que aparecía Santa Claus con su característica vestimenta roja. La posibilidad de hacer grandes tiradas de tarjetas de felicitación popularizó aún más la figura de este personaje y algunos comercios comenzaron por entonces a usarla para fines publicitarios.
Los holandeses son especialmente devotos a su San Nicolás, al que llaman Sinterklaas, (pues él también tiene nombres distintos en función de los países: Saint Nicolas, Sant Nikolaas, Mikołaj, etc.) y lo convierten en patrón de los marineros y de Amsterdam. Cuando colonizan Nueva Amsterdam (la actual Manhattan), le erigen una imagen de culto.
Tan pintoresca devoción llama la atención del escritor Washington Irving que la retrata en su libro Knickerbocker’s History of New York, publicado en 1809, y en el que convierte al obispo en un personaje civil, un señorón holandés, mayor, grueso y sonriente, vestido con sombrero de ala, calzón y fumando en pipa; un emigrante holandés como otro cualquiera, solo que con la peculiar afición de arrojar regalos por las chimeneas y sobrevolar en un caballo volador que arrastraba un trineo prodigioso. El hecho de que Irving denominase al personaje «guardián de Nueva York» hizo que su popularidad contagiara a los norteamericanos de origen inglés, que comenzaron también a celebrar su fiesta cada 6 de diciembre.
Las tradiciones difieren un poco en sus detalles, según las regiones, por ejemplo, San Nicolás ¿viaja en burro o desembarca de un navío español cabalgando sobre un caballo blanco?, aunque el denominador común es que la mañana del 6 de diciembre los niños reciban naranjas, golosinas y juguetes (esta fecha solo varía para los ortodoxos, traslada al 19 de diciembre). El mito, esa puesta en escena de Nicolás de Mira, arraigado desde la Edad Media, se extiende por casi toda Europa, y su fiesta se celebra en los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, parte de Francia y de Italia, Alemania, Austria, Polonia, Rusia, Croacia, Eslovenia, Hungría, República Checa, Lituania, Rumanía, Bulgaria, Ucrania, Eslovaquia, Serbia, Grecia, Reino Unido, Chipre y en algunos cantones suizos.
También el milagro que realizara el santo admite variaciones, pues hay otra, todavía más sórdida que la del padre proxeneta, que relata cómo el santo se topó con un macabro escenario en el que un carnicero había degollado y descuartizado a unos pobres niños a los que mantenía en salazón. Al obispo solo le bastó una señal sobre el barreño para resucitarlos. Después, encadenaría de por vida al asesino, un tal Pierre Lenoir, obligándolo a seguir sus pasos, atado al burro, con tal de que utilizara su zafiedad para amedrentar y disuadir a los chicos desobedientes. El funesto personaje se convierte en el villano del rito, ennegrecido (no se sabe si por el hollín de las chimenas o porque era de piel negra), lleva un látigo para fustigar a los pequeños, de ahí que se le conoce como Le Père Fouettard, o El Padre fustigador, y también un saco donde llevarse a los chicos rebeldes. Zwarte Piet o Schwartz Peter son otros de los alias del siniestro personaje (según sea la tradición neerlandesa o alemana) al que, a veces, no dudan en dotar de atributos diabólicos como cuernos o cola. Es, sin duda, el contrapunto al bondadoso San Nicolás, vestido este, con hábito episcopal, mitra y báculo.
También el milagro que realizara el santo admite variaciones, pues hay otra, todavía más sórdida que la del padre proxeneta, que relata cómo el santo se topó con un macabro escenario en el que un carnicero había degollado y descuartizado a unos pobres niños a los que mantenía en salazón. Al obispo solo le bastó una señal sobre el barreño para resucitarlos. Después, encadenaría de por vida al asesino, un tal Pierre Lenoir, obligándolo a seguir sus pasos, atado al burro, con tal de que utilizara su zafiedad para amedrentar y disuadir a los chicos desobedientes. El funesto personaje se convierte en el villano del rito, ennegrecido (no se sabe si por el hollín de las chimenas o porque era de piel negra), lleva un látigo para fustigar a los pequeños, de ahí que se le conoce como Le Père Fouettard, o El Padre fustigador, y también un saco donde llevarse a los chicos rebeldes. Zwarte Piet o Schwartz Peter son otros de los alias del siniestro personaje (según sea la tradición neerlandesa o alemana) al que, a veces, no dudan en dotar de atributos diabólicos como cuernos o cola.
La leyenda cuenta que salvó a tres niñas, sometidas a la prostitución por su padre, extremadamente pobre, con unas monedas que arrojó por la chimenea y que fueron a parar a las medias que las pequeñas habían puesto a secar, aunque otros dicen que se las dejó en los zapatos, en el zaguán de la casa. Ambas versiones explicarían la razón por que se siguen dejando los calcetines sobre la repisa de la chimenea o los zapatos a la entrada en esos días señalados, a la espera de alguna golosina.
Ya que estamos
Todo empezó en Anatolia, actual Turquía, hacia el año 280, cuando nace un tal Nicolás, que será obispo de Mira y, más tarde, santificado. Cuenta la hagiografía (igual a una biografía, pero de santos) que se distinguió por su compasión y generosidad hacia los niños. También, se le conoce como Santo Nicolás de Bari, ciudad italiana donde, en el año 1087, fueron trasladados sus restos (en realidad, solo una falange). Europa está sembrada de templos y capillas en su honor.
A vuestra espada no igualó la mía,
Febo español, curioso cortesano,
Ni a la alta gloria de valor mi mano,
Que rayo fue do nace y muere el día.
Imperios desprecié: la monarquía
Que me ofreció el Oriente rojo en vano
Dejé, por ver el rostro soberano
De Claridiana, aurora hermosa mía.
Améla por milagro único y raro,
Y, ausente en su desgracia, el propio infierno
Temió mi brazo, que domó su rabia.
Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro,
Por Dulcinea sois al mundo eterno,
Y ella, por vos, famosa, honesta y sabia.
@Nanafugitiva poco podemos hacer por ti en un momento tan duro como este, pero aquí nos tienes si nos necesitas. Un fuerte abrazo 😘
Hago de Sr Román (cartero)
C3PO
Aunque no me gustan nada estas fiestas de hipocresía y consumismo, mucho
menos desde la muerte de un hermano en diciembre, sé que a muchos/as sí, y
por eso hoy quería desearos unas felices fiestas y que lo paséis bien en
compañía de vuestros familiares.
No está de más felicitar a otras personas, aunque tu no desees que te
feliciten.
Abrazos y besos
Coplas
¡Al amor! ¡al Amor! muchachas,
que viene desnudo y anda sin bragas.
Viendo Amor que el Interés
gozaba de tantas damas,
por ponerse a lo galán
se puso un día unas calzas.
Por parecer caballero,
fuese un día por la casa
de estas mozuelas que sirven
de hacer encajes y randas.
¡Al amor! ¡al Amor! muchachas,
que viene desnudo y anda sin bragas.
No llevaba allí más fuego
que lo que lleva en el alma,
ni en la mano el arco y flechas,
ni en la faltriquera blanca.
Concertó con una dellas,
que era trigueña de cara,
de dormir aquella noche
y pagar a la mañana.
¡Al amor! ¡al Amor! muchachas,
que viene desnudo y anda sin bragas.
Las nueve toca el reloj,
cuando el Amor se levanta,
y cuando la niña pide
de su trabajo la paga :
«Fíame, dice el Amor,
hasta la tarde, mi alma»;
y ella, que entiende la flor,
las calzas metió en el arca.
¡Al amor! ¡al Amor! muchachas,
que viene desnudo y anda sin bragas.
En carnes salió Cupido,
por una calle se escapa;
las vecinas que lo sienten
se asoman a la ventana;
doncellas le tiran piedras,
zanahorias las casadas,
y las viudas y monjas
güevos de azar y naranjas.
¡Al amor! ¡al Amor! muchachas,
que viene desnudo y anda sin bragas
Ahora me blokeas imbécil
APRENDIZ DE SACRISTAN
Con sus senos redondos y opulentos,
saltando del corpiño enardecidos,
Gamunda estaba releyendo cuentos
de doncellas raptadas por bandidos.
La sacudían ya los ardimentos
y estaban tan obsesos sus sentidos
gustando los diabólicos tormentos
entre espasmos de goces y gemidos.
En el espejo oval, que estaba enfrente,
de pronto vio su imagen esplendente,
y admirada quedó de su hermosura.
¡Poco a poco se fue quitando todo...!
y Gastón, sin hallar blando acomodo,
vichando estaba por la cerradura.
Lector , Cuenta Cuentos, Conciencia Social
Diseñador Gráfico