Para calcular cuánto es un tercio de 3996
antjioseos
, ¿qué tienes que hacer?
a) Multiplicar por tres Joseadores
b) Dividir entre tres. Joseadores
c) Restar tres.antiJoseadores
El autor a una dama que en muriendo
el marido se amancebó con un fraile.
La muerte del mal logrado
aunque os dio, dama pasión,
él aún no estaba enterrado
ya vos habiedes tomado
hábito de religión.
A todo aprovechará
si es nuevo y de buena trama,
que, como es invierno ya,
también os calentará
de noche echado en la cama.
monjas devotas
Las que estáis en religión
muy castas y continentes,
suplicos que, con perdón,
me soltéis una qüestión
que se me viene a las mientes,
porque no soy adivino
ni alcanço vuestros primores,
y es que, pues creçe contino,
¿qué hazéis del vellocino
de las partes inferiores?
Porque si no lo cortáis,
respondedme dónde os llega,
pero si le desmontáis
dezidme si deseáis
aquello que se os deniega;
y si vuestro corazón,
remirando aquella alhaja
siente que aquel boquerón
no estava allí sin razón
ni fue para ençerrar paja.
A don Francisco de Quevedo
Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.
Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina
en Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,
que en oro engasta, santa insignia,
aloque, en San Trago anda, donde lega:
que tanto anda el cojo como el sano.
Góngora
Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al de Belerofonte cada día
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial sus antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado sus ojos.
Prestádseles un rato a mí ojo ciego,
porque a luz saque ciertos versos flojos,
y entenderéis cualquier gregüesco después.
Góngora
Diván del Tamarit (Reino de Cordelia)
Gacela I
Del amor imprevisto
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con sólo yo se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.
F. Luyssi Legionensis
Aunque en ricos montones
levantes el cautivo inútil oro;
y aunque tus posesiones
mejores con ajeno daño y lloro;
y aunque cruel tirano
oprimas la verdad, y tu avaricia,
vestida en nombre vano,
convierta en compra y venta la justicia;
aunque engañes los ojos
del mundo a quien adoras: no por tanto
no nacerán abrojos
agudos en tu alma; ni el espanto
no velará en tu lecho;
ni huirás la cuita y agonía,
el último despecho;
ni la esperanza buena en compañía
del gozo tus umbrales
penetrará jamás; ni la Meguera,
con llamas infernales,
con serpentino azote la alta y fiera
y diestra mano armada,
saldrá de tu aposento sola una hora;
y ni tendrás clavada
la rueda, aunque más puedas, voladora
del Tiempo hambriento y crudo,
que viene, con la muerte conjurado,
a dejarte desnudo
del oro y cuanto tienes más amado;
y quedarás sumido
en males no finibles y en olvido.
F. Luyssi Legionensis
Lector , Cuenta Cuentos, Conciencia Social
Diseñador Gráfico