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La herencia que esconde nuestra piel

La diversidad no es lo que creíamos. Es mucho menos evidente de lo que parece, porque no siempre se reconoce a simple vista. Esto es lo que deja claro el divulgador Carl Zimmer en el libro Tiene la sonrisa de su madre (Capitán Swing), publicado en español y que fue elegido ‘Libro de ciencia del año’, en 2018, por el periódico The Guardian.

Se trata de aprender sobre las aparentes similitudes y diferencias que se esconden bajo la piel de las personas, en una época en que la diversidad se ha convertido en un término de controversia. Para algunos, lo diverso constituye una virtud y riqueza para las sociedades; para otros, un problema, cuando temen que sus propias tradiciones, costumbres o rasgos físicos se diluyan.

Zimmer explica en su ensayo que si tuviéramos que encontrar similitudes genéticas con las personas de otros continentes, difícilmente acertaríamos con solo nombrarnos o mirarnos. Las variantes genéticas que subyacen a nuestros rasgos son invisibles a los ojos, decenas de miles de años después de las primeras migraciones humanas.

En efecto, hace entre 50 000 y 80 000 años, un grupo de humanos se expandió fuera de África y, según nos cuenta el autor, hoy esas variantes genéticas se encuentran en Australia y en la India, entre otras regiones. Entretanto, la mutación de un gen redujo drásticamente un pigmento de la piel y los cazadores recolectores continuaron abriendo rutas hacia el norte y el oeste.

Tiene la sonrisa…, con traducción de Patricia Teixidor, contiene casi 700 páginas de un relato ameno sobre esto que ahora está en boca de todos. Porque de estudios genéticos se habla actualmente en casi todos los campos de la ciencia, desde la biomedicina, para desentrañar causas y posibles dianas terapéuticas de patologías raras, a la paleontología, cuando se desentierran y se datan huesos fósiles de dinosaurios.

Pero la genética también ocupa algunas páginas de la prensa del corazón, cuando los famosos acuden a un banco de donantes de óvulos o espermatozoides para tener hijos (o nietos). Además, en estos últimos tiempos, hemos conocido la noticia del indulto a una mujer —acusada a matar a sus cuatro hijos— al descubrir que todos habían padecido la misma enfermedad hereditaria fatal. En el otro extremo, los estudios genéticos permitieron procesar a un hombre que se sospecha ha tenido más de 550 hijos por su compulsión a donar esperma.

El ADN antiguo demostró que los blancos no comparten un vínculo genéticoprofundo y puro que se remonte a los primeros días de la ocupación humana de Europa. Los primeros Homo sapiens que llegaron a Europa no tienen ninguna relación directa con los europeos actuales.

De hecho, las personas europeas pueden rastrear su ascendencia hasta los pueblos que llegaron al continente en una serie de oleadas separadas por miles de años, como para dejar claro que hay parentescos que desconocemos y desconocidos a quienes nos unen más genes que quizá no se expresen en el tono de piel o en el pelo rizado.

Este es un libro para aprender de historia y de ADN. Hay en él entretenidos pasajes que derriban creencias o áreas de desconocimiento que teníamos. Gracias a la recopilación científica y las anécdotas del autor sabremos que hay más variabilidad genética dentro de África que entre algunas poblaciones africanas y caucásicasprocedentes de otros continentes.

Lee la reseña completa en el blog lasendadeapolo.es/2023/09/20/l

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