Las tres estaciones del Antiguo Egipto
¿Qué hubiera sido de la civilización egipcia sin el Nilo? Lo más probable es que nunca hubiera llegado a ser lo que fue. Venerado como un dios, sus crecidas anuales marcaron la vida de todos aquellos que vivían en su orillas. Pero lejos de ser una vida apacible, un paraíso como nos hacen pensar las representaciones en época faraónica, la línea entre la vida y la muerte era muy fina, viviendo siempre al borde de la hambruna y con la incertidumbre del éxito o del fracaso de la cosecha, siempre pendiente de la crecida del río, el río de la vida.
Cuenta el mito que la crecida del Nilo se alimenta por las lágrimas que Isis vierte por la muerte de su esposo Osiris. Y tan importante fue en sus vidas que el ciclo anual del río marcaría sus estaciones en tres que a su vez se dividían en cuatro meses cada una:
Primera estación: la inundación (Akhet) 19 julio/15 noviembre. Empezaba el año y sus meses eran thot, faofi, ahyr y joiak. En este tiempo irrigaban los campos, guardaban la anterior cosecha y al ser los que menos trabajo tenían eran frecuentes las fiestas religiosas (festival de Opet).
Segunda estación: la siembra (Peret) 15 noviembre/15 marzo. También dividida en cuatro meses: tybi, me-shir, famenoth y farmuthi, era cuando germinaba la cosecha, el Nilo se retiraba dejando sobre la tierra el limo negro pudiendo ser entonces arada y sembrada. Se celebraba el festival de Min.
Tercera estación: la cosecha (Shemu) 15 marzo/13 julio. Con los meses de pakhon, paini, epifi y mesore. Los más duros, en los que se realizaba la siega, la recolección y la trilla, y en los que celebraban una importante ceremonia, la Bella Fiesta del Valle.
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