Hay buenos argumentos feministas para ser optimista respecto a los úteros artificiales (cuando sean seguros, y si se regulan como cualquier otro avance médico): el embarazo y el parto dejarán de ser exclusivos de las mujeres, y muchas de las injusticias y los conflictos morales que surgen ahora precisamente por esta asimetría se podrían resolver más fácilmente.