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El transistor, el alma de la tecnología actual

En 1947 comenzó la era de las tecnologías de la información. El hito estuvo marcado por la invención de un dispositivo, el transistor, que en aquel momento tenía un tamaño cercano a una naranja. En la actualidad, el pequeño chip microprocesador de un ordenador puede contener unos 700 millones de transistores y la cifra sigue aumentando cada año.

Con motivo de esta efeméride, la revista Science publica una edición especial en la que repasa la historia del transistor y los retos que afronta su evolución tecnológica en la actualidad.

Sin transistores, no habría teléfonos móviles, ordenadores portátiles o videojuegos. Además, tendríamos que volver a usar los mapas, porque la tecnología GPS utiliza satélites que transmiten señales mediante el uso de transistores. Casi toda la tecnología médica se basa en estos dispositivos, desde la toma de imágenes y la cirugía robótica hasta los instrumentos que obtienen los resultados de los análisis de sangre.

El desarrollo tecnológico del transistor fue posible gracias a los avances en la teoría de los semiconductores de 1930 y en la purificación del germanio y el silicio, en la década de 1940.

En los Estados Unidos de los años 40, la telefonía de larga distancia tenía un problema. Para que la señal eléctrica recorriera largas distancias era necesario amplificarla y este proceso pasaba por las válvulas de vacío o triodos, unos componentes que se calentaban y eran poco fiables.

La Bell Telephone Company, compañía fundada por Alexander Graham Bell y posterior AT&T, contaba con una división de investigación a la que se le encomendó resolver este problema, los Bell Labs. En diciembre de 1947, John Bardeen, Walter Brattain y William Shockley, de Bell Labs, desarrollaron el transistor: el primer semiconductor de estado sólido. En 1956, los tres investigadores recibieron el Premio Nobel de Física “por sus investigaciones en semiconductores y su descubrimiento del efecto transistor”.

El transistor tomó su nombre de la función semiconductora del dispositivo: TRANsfer y reSISTOR. Aquel primer transistor de 1947 estaba hecho de láminas de oro, plástico y germanio. Posteriormente, para su comercialización se empleó el silicio, más fiable y fácil de fabricar.

La creación del transistor no solo contribuyó a la mejora de la telefonía. Permitió la computación digital y su impacto en la sociedad es difícil de sobreestimar.

Por citar otros ejemplos, su comercialización permitió el desarrollo de la radio de bolsillo, la creación de Silicon Valley y fue clave en el desarrollo del programa Apollo.

Durante décadas, la evolución tecnológica del transistor ha permitido reducir su tamaño y su consumo de energía para poder introducir millones de transistores en chips y circuitos integrados. Nuestro propio teléfono móvil funciona gracias a millones de estos semiconductores.

La Ley de Moore, postulada casi 20 años después de la creación del transistor, vaticinaba que el número de transistores en un circuito integrado se doblaría cada 1 o 2 años. Esta premisa, que ha sido cierta en las últimas décadas, está perdiendo validez. En la actualidad, el escalado resulta mucho más complejo, entre otros motivos, por la posible aparición de pequeñas fugas eléctricas cuando el transistor está apagado.

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La presencia de Roma en Lanzarote

Los romanos o poblaciones romanizadas, originarias del Mediterráneo occidental, recalaron en Lanzarote en el siglo I antes de la era común. Así lo ha confirmado Pablo Atoche, arqueólogo y catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Durante la última excavación realizada el verano pasado en el yacimiento El Bebedero (oeste de Lanzarote), Atoche y su equipo encontraron numerosos restos cerámicos “de indudable factura romana”, además de huesos de cabras y ovejas. El hallazgo más espectacular fue un ánfora completa, con la boca modificada para “reutilizarla para otro uso”, en El Bebedero. Hasta ahora, tan solo había constancia científica de la presencia romana en Canarias en el islote de Lobos.

El profesor Atoche lleva más de treinta años investigando la presencia de culturas mediterráneas en Lanzarote. Los resultados de la última excavación en El Bebedero, realizada en el julio de 2022, confirmó investigaciones anteriores, en ese yacimiento y en el de Buenavista, y los presentó el pasado mes de abril en la Sociedad Económica Amigos del País de Las Palmas, en una conferencia titulada La colonización protohistórica del archipiélago canario a la luz de los hallazgos de Lanzarote.

Hasta ahora, Atoche cuenta con “27 dataciones de carbono 14 de restos animales y vegetales”, registros arqueológicos excavados en el yacimiento El Bebedero. Estos vestigios se han excavado “en seis niveles estratigráficos bien definidos”, con un marco cronológico, afirma el investigador, que va del “siglo I antes de Cristo al XIV de la era, justo en la centuria anterior a la conquista de Canarias, que se prolongó prácticamente a lo largo del siglo XV. Los arqueólogos han encontrado ”cerámica romana, molinos de piedra para moler cereales, material lítico para el tratamiento de pieles y bastantes restos de fauna –“el 90 por ciento son huesos de cabras y ovejas”- animal y marina, principalmente moluscos“.

El arqueólogo sitúa los materiales de factura romana entre los siglos I antes de la era común y el IV de la era, final del periodo de la cultura romana. “Se trata de bandejas y recipientes muy similares a los que hemos encontrado en el yacimiento de Buenavista”, a poco más de 500 metros de El Bebedero; ambos enclaves están en la misma comarca lanzaroteña, cerca de la playa de Famara, una zona en la que se podía fondear durante los meses de mar abierto, cuando las condiciones eran propicias para la navegación.

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¿Descubierta la bíblica ciudad de Sodoma?

Tall el-Hammam es un sitio arqueológico situado al oriente del Valle del Jordán. Hace 3,600 años, sus habitantes experimentaron el impacto de una roca espacial que viajaba a más de 61,000 km/h. Al atravesar la atmósfera terrestre, la roca explotó para convertirse en una gigantesca bola de fuego. La explosión, a cuatro kilómetros de la superficie, liberó mil veces más energía que la bomba atómica detonada sobre Hiroshima.

El destello cegó inmediatamente a los horrorizados habitantes. Posteriormente, la temperatura atmosférica alcanzó los 2,000 °C en un abrir y cerrar de ojos. Los objetos inflamables rápidamente se prendieron fuego. Mientras tanto, las piezas de barro, acero y cerámica empezaron a derretirse. Tall el-Hammam se convirtió en un montón de brasas en cuestión de segundos. Momentos después, la poderosa onda de choque barrió la ciudad.

Alcanzando velocidades de 1,200 km/h, este fenómeno resultó mucho más violento que el peor tornado registrado por la humanidad. El mortal evento damnificó prácticamente todos los inmuebles de la ciudad. La construcción más grande, un palacio de cuatro niveles, se redujo 12 metros y todos los escombros terminaron en el valle adjunto. Aquel día, todos los seres vivos en Tall el-Hammam murieron, incluyendo a los 8 mil humanos que la habitaban.

Lo verdaderamente dantesco es que los cuerpos fueron despedazados y los huesos reducidos a pequeños fragmentos. Un minuto después de la hecatombe en Tall el-Hammam, la ciudad bíblica de Jericó, a 22 kilómetros, era alcanzada por los fuertes vientos. Las murallas de la ciudad no resistieron y el centro urbano quedó consumido por las llamas. Los párrafos anteriores parecen el guion una película apocalíptica de Hollywood. Sin embargo, aunque los eventos sucedieron hace miles de años, en este lugar próximo al Mar Muerto aún queda evidencia de la devastación.

Tras 15 años de excavaciones realizadas por cientos de personas, los científicos construyeron un amplio panorama del evento. A está reconstrucción también abonó el detallado análisis de materiales excavados por un equipo internacional de científicos. En septiembre 2021, el grupo interdisciplinario publicó las evidencias en la revista Scientific Reports. Geólogos, arqueólogos, geoquímicos, geomorfólogos, minerálogos, paleobotánicos, sedimentólogos, médicos y especialistas en impacto cósmico conforman la lista de 21 autores.

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Descubierto un nuevo tipo de estrella de neutrones

Un equipo internacional en el que participa el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC), liderado por la Universidad de Curtin (Australia) y el Centro Internacional para la Investigación de Radioastronomía (ICRAR), ha descubierto un nuevo tipo de objeto estelar que desafía nuestra comprensión de la física de las estrellas de neutrones. El hallazgo se ha publicado en la revista Nature.

El objeto podría ser un magnetar de periodo ultralargo, un tipo de estrella poco común de neutrones con campos magnéticos extremadamente fuertes que pueden producir fuertes estallidos de energía. Sin embargo, también podría ser una enana blanca magnética, una etapa avanzada en la vida de una estrella similar al Sol. Ninguno de los escenarios actuales para esos objetos puede explicar con certeza todas las características de esta nueva fuente.

Hasta hace poco, se observaba que los magnetares giraban en periodos de unos pocos segundos. No obstante, el objeto descubierto emite ondas de radio cada 21 minutos y, si se interpreta como un púlsar, sería el radiomagnetar de periodo más largo jamás detectado.

La fuente, llamada GPM J1839−10, se descubrió utilizando el Murchison Widefield Array (MWA), un radiotelescopio en el territorio aborigen Wajarri Yamaji, en el interior de Australia Occidental. Se encuentra a 15.000 años luz de la Tierra, en la constelación Scutum, y es el segundo objeto de radio de periodicidad larga detectado y observado, por primera vez, en todas las longitudes de onda en 2022 por investigadores del ICE-CSIC.

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El perro robótico capaz de guiar a personas dependientes o con discapacidad

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha creado un robot con forma de perro dotado de inteligencia artificial que puede servir de guía a personas dependientes o con discapacidad. Entre sus múltiples prestaciones, destaca su capacidad de distinguir de forma inequívoca entre un objeto y una persona, gracias a su sistema de aprendizaje automático y a la cámara que lleva incorporada en la cabeza. Al estar conectado a Google puede conocer información en tiempo real como, por ejemplo, la situación del tráfico y es capaz de comunicarla a su dueño o a otras personas mediante voz.

Aunque su aspecto metálico y sus movimientos bruscos y milimetrados lo alejan de parecer un animal, sus creadores tenían en mente los perros guía cuando comenzaron a pensar en las posibilidades de Tefi, que es como ha sido bautizado este robot en honor a las siglas del instituto del CSIC donde nació: el Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información (ITEFI), en Madrid.

El robot cuenta con GPS para la navegación en exteriores y aprovecha herramientas como Google Maps para guiar hasta distintos lugares, como tiendas, restaurantes y hospitales. Asimismo, los investigadores han implementado algoritmos de visión artificial que ayudan a su navegación y a la identificación de determinados objetos, como señales de tráfico, semáforos, calles, personas, sillas, mesas, ordenadores o información de códigos QR.

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Los dinosaurios eran endotermos como las aves actuales

Un trabajo internacional publicado en Nature utiliza por primera vez marcadores metabólicos de especies animales actuales y extintas. Sus altas tasas metabólicas sugieren que los dinosaurios eran endotermos como las aves actuales y permite desechar la hipótesis de que la ectotermia pudo estar detrás de su extinción.

Los dinosaurios y los pterosaurios tenían tasas metabólicas altas, lo que sugiere que eran endotermos –capaces de autorregular su temperatura corporal–, según concluye una investigación internacional publicada en Nature, liderada por la Universidad de Yale y en la que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Este trabajo demuestra que los dinosaurios eran endotermos reales, rechazando ideas anteriores como que tenían una condición intermedia –mesotermia– entre los ectotermos y los endotermos o que podían mantener su temperatura corporal constante gracias a los grandes tamaños corporales, puesto que hay dinosaurios pequeños con altas tasas metabólicas.

En esta investigación se utiliza por primera vez un índice que permite evaluar directamente las capacidades metabólicas de los amniotas – mamíferos, aves, reptiles y grupos extintos como los dinosaurios o los pterosaurios–, tanto actuales como extintos, ya que utiliza marcadores metabólicos que se pueden encontrar fosilizados.

La producción de calor en endotermos se debe al metabolismo, que quema grasas y azúcares. En este proceso, se libera energía (calor) pero también otros productos.

Algunas de las moléculas que se producen pueden fosilizar, y esto está abriendo un nuevo campo en la paleontología, en la que geoquímicos y geoquímicas como Jasmina pueden obtener información de los tejidos originales. En este caso, se miden las señales que dejan molecularmente las altas tasas de metabolismo.

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Los colibríes, en riesgo en México por la pérdida de los ecosistemas que habitan

Los colibríes, en riesgo por la pérdida de los ecosistemas que habitan, conforman un grupo de aves con una distribución única en América. La fuerte carga espiritual que representan en México, donde viven más de 50 especies distintas, se ha vuelto una amenaza para su conservación.

En el imaginario mexicano la visita de un colibrí constituye una señal de buen augurio. Según una creencia heredada de las civilizaciones prehispánicas, con su aparición fugaz y más de 80 golpeteos de sus alas contra el aire por segundo, estas diminutas aves portan el mensaje fugaz de los muertos. En la cultura mesoamericana los colibríes estaban asociados con guerra y amor.

Estas aves habitan el continente americano; 330 especies registradas desde Alaska hasta Chile. Se estima que en México se distribuyen hasta 58 de ellas, de las cuales 14 son endémicas. Pero, podrían ser muchas más.

La destrucción y fragmentación de su hábitat suponen en la actualidad una de las mayores amenazas para estos animales tan especiales, el grupo de aves más pequeñas y de las más diversas. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en México hay nueve especies amenazadas, dos en peligro y seis en protección especial.

Conocidos coloquialmente como chuparrosas, son extraordinarios polinizadores. Más de 10.000 plantas de América del Norte y del Sur dependen de ellos ya que con sus largos picos en forma de punzón, perforan las flores en cuestión de segundos para extraer el alimento. Están adaptados para mantener el vuelo mientras beben el néctar.

Para ello, estas aves empenachadas de iridiscencia, cuyas plumas varían desde los colores pardos, hasta los brillantes metálicos en función del brillo del sol, vuelan hacia adelante y atrás, despliegan su cuerpecito para arriba y abajo, en vertical y horizontal, para conquistar a su antojo el entorno aéreo; una capacidad acrobática impresionante relacionada también con el cortejo en algunas especies. Para mantener tal actividad, necesitan mucha energía, por eso se dedican todo el tiempo a comer néctar; su metabolismo les exige dosis de azúcar constante.

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Electrificar la industria y descarbonizarla

Sustituir el silicio por nuevos materiales más eficientes y fiables es un gran reto para lograr que la industria reemplace tecnologías que usan combustibles fósiles por otros basados en la electricidad.

La electrificación de la industria consiste en la sustitución de procesos y tecnologías que utilizan combustibles fósiles (fuentes de energía emisoras de gases de efecto invernadero) por procesos basados en electricidad “limpia” proveniente de fuentes renovables. Uno de los principales obstáculos para conseguir esta implantación es conectar dichas fuentes con una red de distribución flexible, eficiente y estable, algo para lo que la electrónica de potencia y los superconductores buscan una respuesta.

La electrificación es fundamental para intentar descarbonizar la industria, que es responsable de un 30% de las emisiones de CO2 en el mundo, según recoge el Libro Blanco sobre Energía limpia, segura y eficiente del CSIC.

Para cumplir los objetivos europeos de emisiones de dióxido de carbono para 2050, es necesario aumentar el porcentaje de energía eléctrica proveniente de fuentes renovables empleada por la industria desde el 7% actual hasta el 48%, según datos de IRENA (International Renewable Energy Agency).

La electrónica de potencia es la rama de la ciencia que se encarga de la conversión eficiente de la energía eléctrica y es una de las tecnologías clave para conseguir la electrificación industrial y contribuir a la descarbonización del sector. Está en el corazón de las turbinas eólicas, los coches eléctricos o las plantas fotovoltaicas y es fundamental para aprovechar la generación de energía renovable. Además, alrededor del 30% de la energía eléctrica que se genera utiliza electrónica de potencia en algún punto de la cadena de producción y se espera que su uso aumente hasta el 80% en la próxima década.

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La herencia que esconde nuestra piel

La diversidad no es lo que creíamos. Es mucho menos evidente de lo que parece, porque no siempre se reconoce a simple vista. Esto es lo que deja claro el divulgador Carl Zimmer en el libro Tiene la sonrisa de su madre (Capitán Swing), publicado en español y que fue elegido ‘Libro de ciencia del año’, en 2018, por el periódico The Guardian.

Se trata de aprender sobre las aparentes similitudes y diferencias que se esconden bajo la piel de las personas, en una época en que la diversidad se ha convertido en un término de controversia. Para algunos, lo diverso constituye una virtud y riqueza para las sociedades; para otros, un problema, cuando temen que sus propias tradiciones, costumbres o rasgos físicos se diluyan.

Zimmer explica en su ensayo que si tuviéramos que encontrar similitudes genéticas con las personas de otros continentes, difícilmente acertaríamos con solo nombrarnos o mirarnos. Las variantes genéticas que subyacen a nuestros rasgos son invisibles a los ojos, decenas de miles de años después de las primeras migraciones humanas.

En efecto, hace entre 50 000 y 80 000 años, un grupo de humanos se expandió fuera de África y, según nos cuenta el autor, hoy esas variantes genéticas se encuentran en Australia y en la India, entre otras regiones. Entretanto, la mutación de un gen redujo drásticamente un pigmento de la piel y los cazadores recolectores continuaron abriendo rutas hacia el norte y el oeste.

Tiene la sonrisa…, con traducción de Patricia Teixidor, contiene casi 700 páginas de un relato ameno sobre esto que ahora está en boca de todos. Porque de estudios genéticos se habla actualmente en casi todos los campos de la ciencia, desde la biomedicina, para desentrañar causas y posibles dianas terapéuticas de patologías raras, a la paleontología, cuando se desentierran y se datan huesos fósiles de dinosaurios.

Pero la genética también ocupa algunas páginas de la prensa del corazón, cuando los famosos acuden a un banco de donantes de óvulos o espermatozoides para tener hijos (o nietos). Además, en estos últimos tiempos, hemos conocido la noticia del indulto a una mujer —acusada a matar a sus cuatro hijos— al descubrir que todos habían padecido la misma enfermedad hereditaria fatal. En el otro extremo, los estudios genéticos permitieron procesar a un hombre que se sospecha ha tenido más de 550 hijos por su compulsión a donar esperma.

El ADN antiguo demostró que los blancos no comparten un vínculo genéticoprofundo y puro que se remonte a los primeros días de la ocupación humana de Europa. Los primeros Homo sapiens que llegaron a Europa no tienen ninguna relación directa con los europeos actuales.

De hecho, las personas europeas pueden rastrear su ascendencia hasta los pueblos que llegaron al continente en una serie de oleadas separadas por miles de años, como para dejar claro que hay parentescos que desconocemos y desconocidos a quienes nos unen más genes que quizá no se expresen en el tono de piel o en el pelo rizado.

Este es un libro para aprender de historia y de ADN. Hay en él entretenidos pasajes que derriban creencias o áreas de desconocimiento que teníamos. Gracias a la recopilación científica y las anécdotas del autor sabremos que hay más variabilidad genética dentro de África que entre algunas poblaciones africanas y caucásicasprocedentes de otros continentes.

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Fotomicrografía o las instantáneas de lo ‘invisible’

Al mismo tiempo que los telescopios espaciales nos cautivan con imágenes imponentes de galaxias, nebulosas y cúmulos de estrellas lejanas, los biólogos se valen de poderosos nuevos microscopios con los que retratan un universo igualmente fascinante pero cercano, bajo nuestras narices.

A mediados del siglo XIX, un joven cometió un error que desencadenó una revolución en la moda, el arte, las ciencias y la medicina. Era un tiempo en el que cientos de soldados británicos contraían malaria en zonas tropicales, un panorama desolador que motivó a los químicos a emprender una carrera para sintetizar de forma artificial la quinina. Esta sustancia natural, ridículamente cara, se extraía de la corteza de los bosques lluviosos de los Andes y era el único remedio conocido contra la enfermedad.

Entre ellos se encontraba un aprendiz de 19 años llamado William Henry Perkin. En la Semana Santa de 1856, mientras su maestro August Wilhelm von Hofmann visitaba a su familia en Alemania, este muchacho aprovechó la oportunidad y realizó toda clase de experimentos en el laboratorio de su casa en Londres. Eligió un ingrediente barato, alquitrán de hulla, desecho de la iluminación de gas victoriana. Solo conoció el fracaso: en lugar de producir quinina, sus vasos de precipitados se llenaron con un lodo marrón sucio. Pero cuando intentó limpiarlos con alcohol, Perkin advirtió algo inusual: aquel material contenía una sustancia de tonalidad púrpura capaz de teñir la seda. Accidentalmente, había obtenido el primer colorante sintético: el color malva.

Por entonces, los colorantes naturales eran extremadamente costosos, indicadores de status y exclusivos de ricos y poderosos. Desde la época romana, se extraían de plantas y de moluscos. Hacía falta hervir miles de caracoles marinos para extraer el tinte púrpura y colorear una prenda. El desarrollo de Perkin lo cambió todo y produjo una explosión de color. Aunque no solo revolucionó la moda. También inauguró una nueva era de la química orgánica. Significó el nacimiento de una industria que desde entonces nos ha dado nuevas pinturas, fármacos, explosivos e innovaciones como el caucho sintético, el nailon y el poliéster.

En especial, incitó una transformación en el conocimiento de la naturaleza interior. Como cuenta el periodista Simon Garfield en su libro Mauve: How One Man Invented a Color That Changed the World, estos tintes sintéticos de color púrpura fueron usados por biólogos como el alemán Walther Flemming para colorear las células y estudiar los cromosomas bajo el microscopio. Eso generó un boom en el desarrollo de la genética; Por sus propiedades, las tinturas se pegaban a ciertas partes de la célula y comenzaron a verse procesos que antes no se percibían.

Los microscopios habían abierto la puerta a un universo desconocido. Los colorantes y en especial la fotomicrografía —la fotografía de objetos bajo un microscopio— lo democratizaron. Desde entonces, gracias a instrumentos cada vez más potentes, ciencia y arte se han unido para estimular una mayor apreciación del mundo natural.

Así podemos ver, por ejemplo, el impactante vídeo del interior de un embrión de pez cebra grabado por el biólogo Eduardo Zattara, que obtuvo el primer puesto en la competición Nikon Small World in Motion de 2022. En él se advierte la migración celular en este animalito tan apreciado por la ciencia. A lo largo de su desarrollo, este organismo pasa de tener una sola célula a dividirse en muchas otras que deben ubicarse en su lugar para desempeñar funciones específicas.

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Agua de lluvia no potable

Incluso en lugares remotos, como la Antártida o la meseta del Tíbet, llueve agua contaminada por agentes químicos sintéticos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados (PFAS). Un equipo de investigación europeo asegura que se ha superado su límite planetario, teniendo en cuenta que son compuestos tóxicos persistentes y se propagan por la atmósfera.

Existen una serie de contaminantes que el hombre ha producido en grandes cantidades, como los compuestos polifluoroalquilados y perfluoroalquilados (PFAS, por sus siglas en inglés). Estos agentes químicos, conocidos como ‘sustancias químicas para siempre’, se pueden encontrar desde en textiles, pinturas, cajas de pizza o productos de limpieza hasta en la espuma para combatir los incendios.

Son peligrosas para la salud humana y los ecosistemas, porque su toxicidad es persistente, se extiende por la atmósfera y pueden encontrarse en el agua de lluvia y nieve de las regiones más recónditas del planeta. Además, si el cuerpo humano los absorbe a través de los alimentos o el agua, este los acumula.

Si bien es cierto que en los últimos veinte años los valores de PFAS en el agua potable, las aguas superficiales y los suelos han disminuido drásticamente, debido a su prohibición y legislación sobre su uso al conocer su alta toxicidad, un estudio apunta que se ha superado el límite planetario de los niveles establecidos.

El nivel general de conocimiento de los efectos en la salud humana de la exposición a los PFAS es desigual según el país o la región. En general es bajo y se podría hacer más para comunicar el problema. Es necesariio que la gente tenga un nivel de concienciación similar al de la contaminación por plásticos.

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Cambiar nuestra alimentación para preservar los ecosistemas.

En los últimos años se ha generado un intenso debate sobre la necesidad de cambiar nuestros hábitos alimentarios por diversos motivos, entre los que se encuentra la preservación de los ecosistemas y los equilibrios planetarios.

En el origen de estos debates hay varios informes y artículos científicos. En ellos se alerta sobre las consecuencias negativas de mantener las actuales tendencias de producción y consumo de alimentos, y se informa de las opciones para mantener los sistemas alimentarios dentro de los límites planetarios.

La alimentación es una de las actividades humanas con un mayor impacto ambiental. No es la única, pero sí una de las más importantes. Por eso es urgente cambiar nuestros patrones actuales para mejorar el estado del planeta, al tiempo que obtenemos beneficios económicos y de salud.

La cara B de la alimentación
Uno de los impactos que más preocupan de los actuales sistemas agroalimentarios es su gran contribución al cambio climático. La alimentación en su conjunto es responsable del 26 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Estas emisiones se producen en toda la cadena de valor, desde la producción animal y vegetal (52 % y 29 % del total de los sistemas alimentarios, respectivamente), su procesado y empaquetado (9 %) y el transporte y distribución (9 %). Un tercio de estas emisiones corresponden a pérdidas y desperdicios alimentarios.

Además, la forma en que producimos y consumimos alimentos en la actualidad está afectando gravemente a los ecosistemas y a la biodiversidad. Se estima que desde inicios del siglo pasado la abundancia de especies nativas se ha visto reducida en un 20 % a nivel global, en gran medida por la sobreexplotación y degradación de los ecosistemas derivadas de la producción agroalimentaria.

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Cómo se consumía carne en la antigüedad puede ser clave para combatir el cambio climático.

Un proyecto de la Institución Milá y Fontanals (IMF) del CSIC ha analizado más de 200.000 restos animales en más de un centenar de yacimientos entre la Edad de Bronce (siglo XII a.C) y la Antigüedad tardía (siglo VI d.C). En este periodo, los cambios políticos y económicos determinaron la evolución del consumo de carne y, por tanto, la elección de las especies domésticas y su tamaño, llegando a aumentar un 30% en época romana. Este trabajo podría ser clave en el desarrollo de políticas más sostenibles que ayuden a combatir el cambio climático mediante una mejor integración de la ganadería extensiva, respetuosa con los recursos locales y con razas adaptadas a cada región.

Los huesos enterrados bajo nuestros pies nos muestran cómo la ganadería se ha ido adaptando a los cambios políticos, económicos, ambientales y tecnológicos a lo largo de la historia.

El proyecto ZooMWest, financiado con más de un millón de euros por el Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés), detalla la evolución de la ganadería de la península Ibérica y el norte-centro de Italia a lo largo de 1.700 años. Sólo en el noreste, se han analizado más de 90.000 restos animales pertenecientes a 101 yacimientos ubicados en las regiones de Gerona, Tarragona, Lérida y Barcelona. Este recorrido ganadero entre los siglos XIII a.C y VII d.C, es decir, entre la Edad del Bronce y la Antigüedad tardía, refleja el predomino de dos modelos productivos determinados por el contexto político y económico de cada época.

En sistemas económicos más locales, la ganadería se ajusta a las condiciones ecológicas de cada zona y los animales son más pequeños. En cambio, en sistemas económicos más grandes, como en época romana, se prioriza la producción de cerdo y vacuno, y los animales son más grandes.

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MOXIE, el experimento de la NASA para producir oxígeno en Marte

El experimento MOXIE ha estado produciendo oxígeno con éxito a partir de la atmósfera rica en dióxido de carbono del planeta rojo desde febrero de 2021, cuando aterrizó en la superficie marciana como parte de la misión del Perseverance de la NASA. Los ingenieros ya planean una versión ampliada, con vista a futuras expediciones tripuladas.

En la roja y polvorienta superficie de Marte, a casi 160 millones de kilómetros de la Tierra, un instrumento con forma de caja, desarrollado por ingenieros del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), ha demostrado que puede hacer de forma fiable la función de un árbol pequeño.

El experimento MOXIE (Mars Oxygen In-Situ Resource Utilization Experiment) ha estado produciendo oxígeno con éxito a partir de la atmósfera rica en dióxido de carbono del planeta rojo desde febrero de 2021, cuando aterrizó en la superficie marciana como parte de la misión del Perseverance de la NASA.

En un estudio publicado en la revista Science Advances, los autores indican que a finales de 2021 MOXIE fue capaz de producir oxígeno en siete ensayos, en distintas condiciones atmosféricas, durante el día y la noche, y a través de diferentes estaciones marcianas. En cada uno de los experimentos, el instrumento alcanzó su objetivo de producir seis gramos de oxígeno por hora, más o menos el ritmo de un árbol pequeño en la Tierra.

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La astronomía en el antiguo Egipto desde una perspectiva cultural lasendadeapolo.es/2023/07/22/l La editorial Springer publica el libro «La astronomía del Egipto antiguo: una perspectiva cultural» del investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) Juan Antonio Belmonte y el egiptólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) José Lull. La obra analiza y sintetiza el conjunto de investigaciones de los últimos dos siglos en torno a la cosmogonía y la cosmovisión del Egipto antiguo junto a investigaciones de rabiosa actualidad.

La astronomía fue un elemento clave de la cultura egipcia y constituyó una de las herramientas más poderosas de la que se sirvió esta civilización en su búsqueda de la Maat, el equilibrio y la armonía cósmicos. Los antiguos egipcios catalogaron estrellas, hicieron un preciso seguimiento de los movimientos del Sol y de la Luna, idearon constelaciones a partir de grupos de estrellas, elaboraron un calendario de 365 días, etc.

Sintetizar y analizar el corpus internacional de investigaciones de los últimos dos siglos, con especial incidencia en las últimas tres décadas, en torno al conocimiento astronómico de esta antigua cultura es el objetivo principal del libro Astronomy in ancient Egypt: a cultural perspective que acaba de publicar la prestigiosa editorial Springer, en el marco de su serie sobre «Astronomía Histórica y Cultural».

La Señora del Marfil lasendadeapolo.es/2023/07/15/l En 2008, se descubrió un individuo en una tumba megalítica del yacimiento Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán (Sevilla), conocido de forma abreviada como Valencina. La datación señaló que era de la Edad del Cobre, entre los años 2900 y 2650 a. C.

Además de ser un raro ejemplo de enterramiento ocupado por una sola persona, la tumba contenía un gran número de objetos de valor, lo que sugirió que su ocupante –que en un principio se pensó que era un joven varón de entre 17 y 25 años– tenía un alto estatus social.

Ahora, investigadores de la Universidad de Sevilla (US) y otros centros académicos de Viena (Austria) informan en la revista de acceso abierto Scientific Reports de que no era un hombre, sino una mujer: el sujeto más destacado en la península ibérica durante aquella época.

Los vikingos y las evidencias genéticas más antiguas de la viruela lasendadeapolo.es/2021/10/02/l En 1980, la viruela se convirtió en la primera y, hasta ahora, única enfermedad en ser erradicada en todo el mundo. Sin embargo, su origen y evolución siguen sin estar claros. Un equipo internacional ha reconstruido el genoma del patógeno a partir de dientes y huesos humanos de la época vikinga, en el año 600 d.C. La presencia del virus en esta fecha lo sitúa unos mil años antes de la evidencia más antigua que se tenía hasta el momento.

Las marcas cutáneas observadas en la momia de Ramsés V, fallecido en el año 1757 a.C., sugieren que el antiguo Egipto pudo ser una región donde ya circulaba el virus de la viruela (Variola major virus o VARV). Pero a pesar de estas observaciones y de los registros escritos, esta antigüedad no está aún demostrada.

Hasta ahora, la referencia genética más antigua de este virus databa del siglo XVII, época a la que pertenece una momia lituana de la que se aisló una secuencia genómica del virus. Sin embargo, tanto el origen como la evolución del virus, que solo en el siglo XX causó entre 300 y 500 millones de muertes en todo el mundo, siguen siendo un misterio.

Una nueva investigación, publicada en la revista Science, aporta evidencias unos 1.000 años más antiguas de las que se tenían, gracias a la secuenciación del genoma del virus en 11 individuos que vivieron durante la edad vikinga (entre los años 600 y 1000) al norte de Europa. El trabajo ha permitido, además, la reconstrucción casi completa del genoma del virus en cuatro de ellos a partir de dientes y huesos humanos.

La viruela ya circulaba ampliamente en el año 600 en esa región y, por lo tanto, en el resto del continente. Esto refuta las afirmaciones de que el virus solo se introdujo y fue endémico después de la época medieval.

Identificadas dos nuevas especies de pterosaurios en el hemisferio sur lasendadeapolo.es/2022/04/02/i Hace más de 205 millones de años, los pterosaurios estaban también en los cielos del hemisferio sur, sobrevolando las cabezas de antiguos dinosaurios carnívoros y herbívoros gigantes, tortugas y pequeños antecesores de los mamíferos.

Un equipo de científicos argentinos acaba de extender las ramas del árbol genealógico de estos reptiles voladores al identificar en el país sudamericano los restos fósiles pertenecientes a dos nuevas especies: Yelaphomte praderioi y Pachagnathus benitoi. Los resultados se publican en la revista Papers in Palaeontology.

Este descubrimiento demuestra que en el Triásico, aún en el amanecer de estos animales, los pterosaurios vivían y ya estaban diversificados en el hemisferio sur.

Todavía se debate el momento de la aparición de estos parientes alados y lejanos de los dinosaurios. Hasta el momento, la hipótesis imperante indica que se habrían originado en el hemisferio norte. Los fósiles de pterosaurios más antiguos conocidos han sido hallados en los Alpes, en Groenlandia y en EE UU. La nueva investigación, aunque no la contradice, pone dudas al respecto.

Estos nuevos hallazgos proporcionan evidencia de una distribución global más amplia y una diversidad significativamente mayor de pterosaurios casi desde el comienzo de su historia evolutiva.

El «misterioso» origen de las sandías y los melones lasendadeapolo.es/2021/09/07/e Dulces y refrescantes, sandías y melones son sin duda los reyes de los postres del verano. Y a pesar de que son alimentos casi indispensables en muchos hogares, seguimos sin conocer todos sus secretos.

Una de las cuestiones que más intriga a la comunidad científica es de dónde proceden estas dos hortalizas, próximas al pepino.

Los investigadores dan por hecho que los actuales melones y sandías proceden del descubrimiento de anómalos frutos dulces carentes de cucurbitacina, el compuesto que confiere amargor a las cucurbitáceas —familia a la que pertenecen sandías y melones, junto con pepinos, calabazas y otros—. Estas se habrían seleccionado y cultivado hasta llegar a nuestros días.

Los melones, pepinos y sandías se domesticaron varias veces a lo largo de la historia de la humanidad. Pero colocar estas domesticaciones en el espacio y con nombres es mucho más difícil de lo que pensaba hace diez o quince años.

Varios investigadores, redibujaron una de las ramas del árbol genealógico de la especie Citrullus lanatus, comúnmente conocida como sandía. Hasta hace no mucho, se pensaba que esta especie pertenecía al linaje del melón cidra de Sudáfrica, Citrullus caffer. No obstante, la nueva información obtenida a través del estudio genético ha confirmado que el pasado de la sandía está vinculado al del melón Kordofán (C. lanatus), de Sudán.

Además, sus conclusiones son consistentes con algunas antiguas pinturas egipcias que sugieren que la sandía pudo ser consumida en el valle del Nilo hace unos 4.000 años. Basándose en el ADN, encontraron que las sandías como las conocemos hoy, con pulpa dulce, a menudo roja, que se puede comer cruda, eran genéticamente más cercanas a las formas silvestres de África occidental y nororiental.

Por su parte, el camino que ha recorrido el melón —Cucumis melo— no está tan claro. La secuenciación del genoma de 1.175 variedades de esta especie, que prácticamente representan toda la diversidad que existe, indicó que se ha domesticado tres veces de forma independiente, una en África y dos en la India.

El estudio de todas estas variedades ha permitido comprender cómo se produjo la domesticación del melón hace 4.000 años. Este hallazgo del Centro de Investigación en Genómica Agraria (CRAG) propició el proyecto Melonomics, una iniciativa española público-privada que hace nueve años publicó la secuenciación del genoma de esta planta y de siete de sus variedades lo que permitirá conocer cuál es el proceso de maduración del fruto. Actualmente se está investigando qué genes y programas genéticos regulan que el melón madure de una forma u otra. Esto es relevante, sobre todo para las empresas de mejora. En el caso de los melones climatéricos, como piel de sapo, lo que quieren es que sean de larga vida, que se conserven mejor una vez recogidos.

Los planetas enanos del Sistema Solar lasendadeapolo.es/2021/09/25/l Tras intensos debates en la comunidad astronómica mundial y a pesar de las protestas de muchos aficionados, el 24 de agosto de 2006 Plutón dejó de ser un planeta y pasó oficialmente a ser un planeta enano. Mientras se acaba de zanjar la polémica, este cautivador mundo helado se ha convertido en la primera etapa de una nueva época de descubrimientos en los confines del sistema solar.
Hace casi un siglo, el 14 de marzo de 1930, periódicos de todo el mundo se hacían eco del descubrimiento de Plutón con titulares como este: “Descubierto el noveno planeta al borde del sistema solar: el primero encontrado en los últimos 84 años”.
Su clasificación como planeta se mantuvo durante décadas, pero j el 24 de agosto de 2006, pierde ese estatus y pasa a ser clasificado como ‘planeta enano’, tras un encendido debate en la XXVI Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI) celebrada en Praga (República Checa) y la subsiguiente votación: 237 votos a favor del cambio, 157 en contra y 17 abstenciones.
Pocos acontecimientos han dividido tanto a la comunidad astronómica mundial, tanto aficionada como profesional, como la reclasificación de Plutón. Sin embargo, este tipo de reclasificaciones de objetos una vez que se ha comprendido mejor su naturaleza no es ajena a la historia de la propia astronomía.

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